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POSIBLES TRATAMIENTOS E INTERVENCIONES DEL DOCENTE EN EL AULA

octubre 19, 2018
Maestro infantil

Antes de profundizar en los posibles tratamientos e intervenciones por parte del
docente ante un alumno con dislalia, debemos conocer que esta puede darse por
distintos tipos de errores. Elisabeth Rodríguez (2010) las clasifica por:

 Sustitución:

Cuando el niño sustituye un fonema en lugar de otro, sea
bien porque le es difícil de pronunciar o porque no discrimina entre los
dos fonemas. Las más frecuentes suelen ser: /l/, /d/, /g/ y /r/ en lugar de
/rr/; /t/ por /k/, /d/ por /l/, etc.
Ejemplo:
“deche” en lugar de “leche”.

Distorsión:

Cuando el niño emite un sonido de forma incorrecta o
distorsionada. Esto suele deberse a una posición errónea de los órganos
articulatorios, falta de control del soplo, falta de vibración de las cuerdas
vocales, etc.

Omisión:

cuando el niño no articula los fonemas que no domina, por lo
que prescinde de su emisión.
Ejemplo:
“cuato” en lugar e “cuatro”.

Inserción:

Cuando el niño añade un fonema más para articular otro más
dificultoso.
Ejemplo:
“palato” en lugar de “plato”.

Según el criterio de Cristina Rivera (2009) en su artículo, debemos tomar dos
corrientes para realizar una intervención acerca de la dislalia, división en la que coincide
con otros autores como Estefanía Fernández (2014), Elisabeth Rodríguez (2010), etc. y
que viene a plantearnos lo siguiente:

Intervención indirecta:

Se orienta a las bases funcionales de la
articulación y habilidades motoras de los órganos articulatorios, para
tener agilidad buco-facial, buena discriminación auditiva que haga posible
una distinción de los sonidos y un control respiratorio. Es necesario
tener una madurez psicomotriz, para conseguir una mayor facilidad de
los movimientos articulatorios.

Intervención directa:

Tiene como objetivo enseñar al niño a emitir todas
las articulaciones e integrarlas en su expresión y diálogo, intentar una
articulación fonema-problema y su generalización en el lenguaje
espontáneo a través de actividades articulatorias.

Una vez ya hecha la diferenciación sobre las dos posibles intervenciones que hay
para el trastorno, debemos tener en cuenta lo que supone una dislalia fonética y una
dislalia fonológica:

Dislalia fonética:

Los niños pasan por un proceso evolutivo en el que no
poseen aún las imágenes acústicas adecuadas o sus órganos articulatorios
no son capaces de realizar con precisión movimientos articulatorios
(Sarramona 1996). Aunque esto tiende a desaparecer sin necesidad de
intervención, se considera que existen un trastorno fonético, cuando las
dificultades continúan más allá de la edad normal en la que dichos
sonidos se suelen pronunciar correctamente (a los 6 años).

Las causas de esta alteración suelen encontrarse en un déficit cognitivo,
sensorial o sociocultural o en trastornos de tipo afectivo. En numerosas
ocasiones la etiología es desconocida.

Dislalia fonológica:

Se refiere a las dificultades del habla en niños que no
tienen alteradas otras habilidades lingüísticas. Esta alteración no se
produce necesariamente en el nivel articulatorio sino a nivel perceptivo y
organizativo. En otras palabras, en los niveles de discriminación auditiva
o en los mecanismos de programación de los sonidos que forman las
palabras. La expresión oral es defectuosa, pudiendo llegar a tener tal
gravedad de trastorno que prácticamente sea ininteligible. De forma
general, el niño puede producir bien los sonidos de forma aislada, pero la
pronunciación de la palabra suelta normalmente se ve alterada. En los
casos más extremos se puede ver al niño pronunciar por imitación de
forma adecuada cualquier sonido, pero ser incapaz de reproducirlos de
forma espontánea.

En conclusión, la distinción entre la dislalia fonética y fonológica no es fácil, ya
que se puede dar el caso en el que en el trastorno se combinen aspectos fonéticos y
aspectos fonológicos.